
Limpiar nuestros pies es la primera parte de un tratamiento de pedicura. A diario dedicamos tiempo a nuestro rostro, manos, cuerpo, pero no siempre a los pies, pero si lo pensamos mejor, ellos merecen mucho cuidado. Lo básico es tener una toalla especial, y un complemento para limpiarlos mejor, por ejemplo, un cepillo con cerdas duras para limpiar entre los dedos y por todo el contorno de los pies.
Antes de empezar, debes estar segura de no resbalarte en la ducha, busca la mejor manera de sentarte, luego busca un jabón antibacterial de preferencia, y atempera el agua, no debe ser muy caliente, porque aumenta el sudor de tus pies.
Haz espuma con el jabón y con el cepillo restriega encima y debajo de un pie, y también por el contorno, luego de eliminar esas capas de células muertas y de suciedad, empieza con los dedos, con un cepillo especial para los dedos, aunque no estaría mal con un cepillo de dientes, enjabónalo, limpia debajo y entre los dedos. Cuando hayas terminado con un pie, enjuágalo con abundante agua y empieza el otro, algunas hemos pisado con el pie jabonoso para ir “ganando tiempo” con el otro, pero es peligroso por lo resbaladizo del piso con el jabón. Cuando hayas terminado con los dos, sécalos muy bien con la toalla reservada solo para los pies. Si tienes callos utiliza la piedra pómez retirando poco a poco la piel gruesa, no lo trates de eliminar en una sola sesión. Recuerda un buen lavado es el principio de una excelente pedicura.
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